1º PARTE
Había una vez una princesa que vivía en un castillo muy grande, frío y sin dibujos. Ella intentaba calentarlo y hacerlo suyo, pero no lo conseguía, y no se sentía a gusto en él. Llevaba tiempo sin ser feliz, pero había algo que le encantaba de su castillo: una ventana enorme por la que podía ver el mundo.
¡Oh, ese mundo! Ese momento del día le encantaba, mirar la vida con fuerza. Gente enérgica pasaba ante sus ojos, una realidad diferente para ella, llena de color, olor, sabor, y las personas que veía se amaban muchísimo, no solo entre ellas, sino a sí mismas. Eso le fascinaba. Ella había dejado de amarse, y cuando miraba por esa ventana intentaba luchar para llegar a amarse tanto como esas personas.
Cuando regresó a su casa, era una princesa sin vida, aburrida, sin saber qué le pasaba, pensando todo el rato en las personas que había visto esa mañana. Nuestra princesa era, para los demás, una persona que no paraba, feliz y envidiable.


